VALORES ÉTICOS Y MORALES
Ética es una palabra derivada del vocablo griego “ethikos”, que significa costumbre o hábito; y es la parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre. La moral, por su parte es el conjunto de reglas que deben seguirse para hacer el bien y evitar el mal. Por otro lado, los asuntos cívicos son todos aquellos que se refieren a las relaciones entre ciudadanos, las cuales sólo pueden ser buenas y cordiales si se basan en un patrón ético.
Los valores éticos, entonces incluyen tanto a los morales como a los cívicos.
A lo largo de la historia de la humanidad, estos valores han cambiado constantemente, pues cada cultura ha tenido sus propios conceptos sobre el bien y el mal. Por ejemplo, hoy día consideramos un acto criminal sacrificar a un ser humano, pero los aztecas creían que con esta acción hacían un bien. En nuestra sociedad, un hombre comete un grave delito si tiene más de una esposa a la vez, pero en algunas épocas y regiones del mundo, la poligamia era vista con buenos ojos.
Sin embrago, existe una serie de valores éticos que son casi universales, porque, en general, han sido aceptados todos los tiempos y lugares. Este conjunto de valores puede resumirse en un único principio: Nunca hacer daño a uno mismo ni a los demás. Los perjuicios que se provocan a otros son siempre inmorales, a menos que no se hayan efectuado deliberadamente.
Los valores éticos más aceptados universalmente son: la amistad, la amabilidad, la confianza, la cooperación, la fidelidad, la generosidad, la honradez, la igualdad, la justicia, la lealtad, la libertad, la paciencia, el patriotismo, la perseverancia, la resistencia, el respeto, la solidaridad, la tolerancia, la valentía y la libertad.
La moral ha sido fomentada por un gran número de personas e instituciones. Las que han tomado este compromiso más serio son:
· Las religiones, cada una de las cuales tiene su propio código moral.
· Muchos filósofos, antropólogos, sociólogos y psicólogos, que se han entregado al estudio de la ética y han publicado manuales y ensayos sobre esta materia.
· Los padres, que enseñan a sus hijos cómo deben comportarse para evitar el mal.
· Los maestros, que continúan y amplían las enseñanzas de los padres.
· Los médicos, porque algunas actitudes inmorales pueden dañar la salud, como drogarse, golpear a otras personas, tener relaciones sexuales sin tomar medidas para prevenir el SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual, etc.
· Los medios de difusión que intentan elevar los valores éticos de la sociedad.
· Los gobiernos que promulgan leyes, para regular la conducta de los gobernados.
Las personas que no respetan las reglas establecidas por su sociedad, se hacen merecedoras de un castigo y de repudio de sus semejantes. Pero no debemos comportarnos moralmente por miedo a la condena o la desaprobación, ni, mucho menos, por conseguir el aprecio y admiración de los demás. En realidad los principios morales son asuntos mucho más personales que sociales, porque un individuo que obra bien se respeta a sí mismo antes que a otros y, además, las buenas acciones conducen a una vida plena, llena de felicidad, amor, éxito y satisfacciones. Por el contrario, las malas acciones irremediablemente llevan al sufrimiento, el fracaso y la soledad. Es natural que suceda esto, porque todo lo que uno hace, tarde o temprano, se vuelve hacia uno mismo. Pongamos algunos ejemplos sencillos para entender mejor este efecto: el que insulta, se arriesga a recibir una ofensa igual o peor; el que da, recibe; el que cumple con sus compromisos de trabajo, gana más dinero y obtiene un mejor empleo; el que ama, merece ser amado; el intolerante es rechazado, el que miente, hace que los demás pierdan la confianza en él, etc.
Así pues, no necesitamos ser amenazados con las llamas del infierno, la cárcel, la expulsión de la escuela, el rechazo de las personas que queremos, ni con ningún otro tipo de sanción para actuar moralmente. Basta, simplemente, con que comprendamos que al hacer un bien resultaremos beneficiados y que el mal se revertirá en contra nuestra. Pero recuérdese de que antes de que nuestras acciones nos afecten positiva o negativamente, según sea el caso, otros individuos recibirán sus efectos y, así, mientras más actos morales se efectúen, mejor será una sociedad, y mientras más inmoralidades se cometan, mayor será el deterioro social.
FUENTE:
· Teresa de las Casas, profesional independiente en el sector Bellas Artes.